Dentro de las cosas que hago para disfrutar y vivir, la caricatura tiene un especial aprecio para mí. Desde que copiaba descaradamente a Levine a finales de los 70, pasando por Carlín y posteriormente por el francés Mulatier, a mediados de los 80, hasta encontrar casi, por fin, mi propio estilo; ella siempre es y fue fuente de reflexión, critica, humor y escape de las cosas que pasan cerca o lejos de mí y que en alguna medida me afectan anímica y moralmente. Aquí algunas piezas de esa y esta época.
Abajo, algunos pasos que doy para llegar al arte final.





Como no recordar la narración radiofónica de "La guerra de los mundos" de H.G. Wells , que crispo los nervios de medio New york y que le sirvio de plataforma para convertirse en el genial actor y director que fue. "De nada sirvieron los anuncios que antes, durante y después del relato advertían a los oyentes de que se trataba de una dramatización. Vecinos aterrados deambulaban por las calles, los teléfonos de la Policía neoyorquina se colapsaron y las iglesias fueron invadidas por miles de ciudadanos que angustiados rezaban ante la llegada del fin del mundo".
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